
Gilberto Simoni, del equipo Saunier Duval, conquistó por segunda vez la mítica cima del Monte Zoncolan tras ganar la decimoséptima etapa del Giro de Italia, en compañía de su compañero y compatriota Leonardo Piepoli, aunque no pudo desbancar del liderato a Danilo Di Luca, quien perdió medio minuto, pero retuvo la 'maglia' rosa.
El veterano escalador, que tiene dos Giros en sus vitrinas (2001 y 2003), repitió éxito en el considerado puerto más duro del ciclismo europeo, por lo que es el único dueño de su cima. En esta ocasión, llegó escoltado por Piepoli, otro escalador liviano que le acompañó a su jefe de filas hasta el último metro, una vez que ambos dejaron clavado a falta de 200 metros del final a la gran revelación de esta prueba: el luxemburgués Andy Schleck (CSC).
Por detrás de los citados, y después de compartir el sufrimiento en los cinco últimos kilómetros, llegó el líder, Danilo Di Luca (Liquigas). Seis segundos después, y a treinta y siete de los vencedores, cruzó sobre la línea de meta Damiano Cunego (Lampre), quien le hizo la subida mucho más agradable a la 'maglia' rosa, que en ningún momento se vio solo.
Los españoles nunca lucharon en las primeras plazas pero tampoco se hundieron en la miseria. David Arroyo (Caisse D'Epargne) y Patxi Vila (Lampre) hicieron grupeta para entrar en los puestos 27 y 28, a 4.28 de Simoni. Peor lo pasó Iban Mayo (Saunier), que perdió 9.35.
Di Luca salió reforzado, como virtual ganador del Giro a falta de algunas etapas llanas y la contrarreloj del sábado entre Bardolino y Verona de 43 kilómetros.
Afrontará el último tramo de la prueba con una ventaja de 2.24 minutos sobre Schleck, que es segundo, y de 2.28 respecto a Simoni. La cuarta plaza es para Cunego a 3.29 y la quinta para Mazzoleni a 3.46. David Arroyo no se movió de la séptima plaza, ahora a 10 minutos del líder. Patxi Vila es el 16 a 16.32.
El Monte Zoncolan, algo así como el 'Angliru italiano', representó la última oportunidad para acabar con el dominio de Di Luca, por lo que sus rivales debían quemar las naves en sus terribles paredes repartidas a través de 10 kilómetros. Con una pendiente media del 11,9 por ciento y rampas de hasta el 22, el escenario se ofrecía a los escaladores, como Simoni, que anunció batalla.
Y fue Gibo, quien a sus 35 años, decidió animar la subida final con mentalidad ofensiva. Con los favoritos agrupados, el trentino tensó la cadena a 8 kilómetros de meta. Era un primer aviso para calibrar las fuerzas del personal. En principio aguantaron los habituales: Schleck, Di Luca, Cunego y Piepoli. La otra revelación del Giro, Ricardo Riccó (Saunier), ahí tiró la toalla, pero ya había hecho suficiente por su jefe de filas.
El golpe definitivo de Simoni tuvo su génesis a seis kilómetros de la cima, en plena pared del 22 por ciento, donde sólo se puede subir con plato pequeño, al estilo de la especialidad de montaña. Aguantaron Schleck, impasible al esfuerzo, y Piepoli, como pez en el agua cuando se empina la carretera. Di Luca y Cunego, sin cebarse, cedieron apenas 200 o 300 metros.
Poco después el trío formado por Simoni, Piepoli y Schleck dejaron claro que se jugaría la etapa, pero no el Giro, ya que el líder, inteligente en la administración del esfuerzo, y con Cunego como muleta de apoyo, no perdió nunca los papeles y fue de menos a más.
Ya con la pancarta a la vista Piepoli y Simoni jugaron su baza. También estaba en juego los 20 segundos de bonificación. El primero de ellos atacó para reventar a Schleck, y el luxemburgués, por fin, cedió. Simoni solo tuvo que seguir la rueda de su compañero para firmar el éxito del Saunier en la cima del Zoncolan. Ambos levantaron los brazos como un solo hombre.
Era la primera victoria de la temporada para Simoni y la número 36 de su palmarés, donde figuran conquistas de oro, como la del propio Angliru y de Abantos en la Vuelta, el Mont Faron en la París Niza, o la etapa de Loundenville en el Tour. Un depredador de las montañas que debutó como profesional en 1994 para dejarlo desesperado en 1998 para ser mecánico de bicicletas. Su regreso a la profesión, un año más tarde le lanzó a la gloria, cuyo último episodio escribió en "su" Zoncolan.
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